martes, 10 de agosto de 2010

Viviendo en el Sur 4

¿Hay alguien al otro lado del cable telefónico? Si es así mandad algún comentario o algún mensajillo y así sé algo de vosotros.

¿Qué tal os va? Imagino que muchos estáis de vacaciones, tomando el sol en la playa o en la montaña. Espero que estéis descansando.Yo sigo por Villa Rica en la selva central de Perú. Este pueblo, que algunos conocéis, vive estos días la resaca de las fiestas patrias. Ha desaparecido la gente que abarrotaba las calles y se respira la tranquilidad de siempre. No ha llovido desde hace días así que hay polvo para dar y tomar en las decenas de pequeños comercios de la calle principal que es casi la única que tiene el pueblo. Villa Rica es muy alargada y sólo una pequeña parte está asfaltada. Villa Rica ha mejorado los últimos años pero aún queda mucho por hacer.
Hoy quiero contaros algo de los ancianitos de este lugar que son, sin lugar a dudas, uno de los colectivos más abandonados.

Hemos visitado a Alejandro, un abuelo de unos 85 años que hemos encontrado medio moribundo. Daba pena verle. En una pequeña choza sin poderse mover, sin poderle entender, desnutrido y sucio. Vive con su hijo que parece que también está enfermo y su nuera que trabaja todo el día en un puesto callejero. "No le puedo atender"-nos dice. "Tengo que trabajar, no tengo medios." Y efectivamente no le atiende. Viven en la miseria y cuando se vive así, sobrevivir es lo primero. Le traemos su gaseosita y parece que eso le da vida. Se reincorpora como puede y la toma con gusto. Quedamos en volver para traerle algo de ropa y asearle.
No muy lejos encontramos a Toribia y Melitón. Sólo hablan quechua así que nuestra comunicación se basa en el cariño y en unas ropitas que agradecen con una sonrisa. Son muy mayores, viven en una casita de madera. Fuera tienen un caño para lavarse y algo de pituca que llevarse a la boca.

Pedro y Dominga son hermanos. Ya les conocemos de otros años. Nos reciben efusivamente. Ella está estos días cosechando café. Él va a su pequeño huerto a trabajar lo que le dejan los años. "La pobreza es dura hasta el final"- nos dice. A mí esta afirmación tan contundente me deja helado. Así han vivido siempre. Siempre han sido pobres y van a morir pobres. Ella no llega a 60 años y parece que tuviera ochenta. La pobreza va desgastando y creando callos y arrugas y otras cosas peores que no se ven porque están dentro. La pobreza les excluye de este mundo de la tecnología y de las oportunidades. Su día es para la supervivencia. Hemos compartido unos minutos con ellos. Nos sacan unos bancos para que nos aposentemos y allí formamos un círculo en el patio de la pobreza. Pedro y Dominga son pobres, están flaquitos pero son muy sonrientes y a mí me han hecho pasar un rato inolvidable. ¡Qué extraño! Un momento de felicidad rodeado de miseria. Les doy un abrazo para despedirnos y les aprieto fuerte y noto todos sus huesecitos. Algo tenemos que hacer por ellos. Para esos estamos aquí. La cabeza no para de dar vueltas. Algo encontraremos para cambiar esta realidad. Para hacer este asqueroso mundo un poco más humano.Pedro, que ya os he dicho que es pobre y lo sabe, muchos días ayuda a Corsino a limpiar su pequeño terrenillo. Corsino perdió a su mujer hace dos años y no para de hablarnos de ella. Ahoga sus penas en el vino y no le culpo. Su casa no es una casa y su familia que vive al lado no me parece una familia porque apenas le cuidan. Sus nietas parecen no querer acercarse. Corsino se gana el pan haciendo pan y vendiéndolo por el pueblo. "Siempre me acordaré de España, de España"-dice Corsino. Y es que estos abuelos sólo necesitan cariño y atención. Que estén con ellos, que les quieran. Nosotros lo hemos intentado esta tarde.
La intrahistoria de Villa Rica es, muchas veces, desoladora. Nuestro mundo es en su mayor parte así. No me gusta lo que veo. Me parece INSOPORTABLE. Desde la Ong tratamos de mejorar este trocito del mapa. Queremos intentarlo.

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